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Ako

Conocimos el caso de este gatito por un contacto de nuestro veterinario. Unas chicas lo habían encontrado vagando solito por una céntrica calle de la ciudad, súper manso y casero.

Como tantas veces, las personas que lo recogieron no podían hacerse cargo de él por más tiempo, había que encontrar otra alternativa.

Con urgencia una compañera se ofreció a acogerle y allí llegó una noche del mes de marzo.

Lo primero que hizo Ako fue enseñar la panza a su nueva mamá y empezar a ronronear. Estaba tan feliz de llegar a un sitio donde le querían…

Pensamos, por su carácter, que Ako estaba perdido. Miramos si había chip, pero no tenía nada. Seguro que venía de un hogar, porque se notaba que había pasado su vida en una casa y había sido muy amado.

Difundimos su caso, pero nadie reclamaba al pequeño. Así que empezamos a prepararlo para adopción. Tenía unos dos años máximo, lo esterilizamos, vacunamos y lo pusimos al día.

Siendo un gato tan bueno, tan mágico, tan noble, nadie se interesó por él, ni una sola vez…

Ako es grandote, con ojos verdes, con grandes mofletes y una mancha en su lomo, que parece una mujer besando un gato.

En su casita de acogida viven una perra y dos gatos más. La perra se adapta fácilmente a todo, pero a los gatos no les hace mucha ilusión recibir nuevos animales en la manada.

Por eso Ako estaba en un bonito cuarto con terraza muy a gusto, pero sólo. Recibía visitas, atenciones…era muy feliz pero se aburría mucho.

La familia, enamorada del gatito, decidió que había llegado el momento de presentar a los mininos y sacar a Ako de su aislamiento.

La cosa no se presentaba fácil, los gatos de la casa son de armas tomar, pero poco a poco y con mucha paciencia fueron avanzando. Aprovechando los momentos de más paz en casa sacaban a Ako de su cuarto. Al principio todo eran bufidos, gruñidos y muestras de poder, pero finalmente vieron en él a un aliado y no a un enemigo.

Después llegó el momento de presentar a la perrita Yogy. Parecía sencillo porque es una labradora ñoña y muy acostumbrada a gatos, incluso un poco sometida a ellos. Pero Ako sintió pánico cuando vio a esa mole de pelos moverse para saludarle. Así que retrocedió un montón en su adaptación a esta casa y nos planteamos si esta era la mejor opción para él. De nuevo paciencia y cariño… como todos ponían de su parte, no buscamos otro hogar para él.

Finalmente su mamá de acogida decidió que si nadie quería al pequeño, en su casa siempre habría un lugar. Así que a día de hoy siguen trabajando los miedos de Ako hasta que se acostumbre a la efusividad de la perrita y acabe por quererla. Y aunque van despacio, sin duda avanzan.

Ako sigue teniendo su cuarto privado con terraza al que se va cuando algo no le gusta, es su refugio. Los gatos de la casa a veces lo visitan y a veces hacen cuadrilla de saltos y juegan hasta caer exhaustos. Mientras la perrita se queda quieta porque sabe que a Ako le da miedo, los deja que disfruten.

Seguimos seguras de que él viene de un hogar, de gente que lo amaba mucho, pero por la razón que sea Ako terminó en la calle sólo, sin que le buscaran. Ahora tiene de nuevo una familia.

Nos cuentan que están muy felices con él porque es un cielo de gatito, cariñoso y juguetón. Ya aprendió muchos de los límites de la casa que comparte, y aunque sigue con miedos hacia la perrita, cada día se acercan un poco más. Esto huele a una adopción en firme muy pronto. Ako, hasta el infinito y más allá!

Su historia en fotos

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